Entre los seis y siete años, el niño llega al punto clave de su desarrollo visual. Se deben conocer las capacidades visuales del niño para que pueda hacer una escolaridad sin problemas y vigilar los signos y síntomas que indiquen dificultades de visión.

Estos síntomas no siempre están relacionados con una disfunción de las habilidades visuales, pero en muchas ocasiones pueden ser un signo de alarma.

No dudes en llevar a tu hijo a la consulta de un óptico-optometrista si detectas en el niño alguno de estos síntomas:

  • No rinde de acuerdo con sus capacidades.
  • Rechaza, constantemente, la lectura y no le gusta escribir.
  • Molesta, continuamente, en la escuela.
  • Se acerca demasiado al texto.
  • Gira o inclina la cabeza, manteniendo una mala postura.
  • Salta palabras y líneas, o invierte letras (b / d) y palabras.
  • Tiene comprensión lectora baja.
  • Presta poca atención y se cansa fácilmente cuando hace tareas de cerca.
  • Es lento al leer, y mueve la cabeza.
  • Sigue el texto con el dedo al leer.
  • Cierra o se tapa un ojo cuando lee o mira la televisión.
  • Se pierde al mirar alternativamente a la pizarra y el papel.
  • Sufre dolor de cabeza al salir de la escuela.
  • Parpadea demasiado, le pican los ojos, o  los frota después de leer o escribir.
  • Tiene a menudo los ojos rojos.
  • Presenta orzuelos con cierta frecuencia.
  • Tropieza a menudo, calcula mal las distancias, o la fuerza para tirar las pelotas.
  • Se queja habitualmente u ocasionalmente de ver borroso o doble, cuando lee o escribe.
  • Entrecierra los ojos cuando mira de lejos ya que ve borroso o se levanta para ver mejor la pizarra.
  • A veces desvía un ojo cuando trabaja de cerca o mira de lejos.
    Un niño no sabe si ve bien o mal, simplemente supone que todo el mundo ve como él.
    Es importante realizar un examen optométrico antes de la edad de seis años.

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